Textos: José Manuel Fajardo
Arriba:
Václav Belohradsky, República Checa. Nacido en 1944.
Elena Poniatowska, México. Nacida en 1932. Premio Cervantes.
Abajo:
Robert Menasse, Austria. Nacido en 1954.
Isabel Allende, Chile. Nacida en 1942.
El recorrido de esta exposición se llena de rostros, pero también de nombres. Sólo que los nombres son más que palabras, son huellas de Historia. Guardan un eco de familia, nos dicen cuánto permanece y cuánto cambia en una vida. Sin embargo, todas esas trayectorias vitales hacen eco unas con otras.
Un apellido puede permanecer trágicamente en el mismo territorio, como sucede con el del escritor austriaco Robert Menasse, aun en los momentos más terribles, como lo fue el periodo de dominación nazi sobre Austria. Y pagar un precio terrible por ello porque la Historia que ese apellido contiene, en este caso su origen judío, lo vuelve objeto de odio. O puede viajar, como hizo el apellido de la escritora mexicana Elena Poniatowska, desde Polonia, de donde era originaria su familia, hasta París, donde nació ella y de donde tuvo que huir, precisamente durante la Segunda Guerra Mundial, para instalarse en México, donde trocó el francés y el polaco familiar por el esplendor de la lengua española, que tuvo que aprender y en la que escribiría obras tan arraigadamente mexicanas como “La noche de Tlatelolco” o “Amanecer en el Zócalo”.
Porque son muchas las veces en que la Historia nos empuja a exilios y destierros. Como le sucedió al filósofo checo Vaclav Belohradsky, que marchó a Italia tras la invasión rusa que puso fin a la Primavera de Praga, para poder seguir reflexionando sobre la libertad. Al igual que, empujada por la dictadura de Pinochet, la escritora chilena Isabel Allende, sobrina del presidente Salvador Allende, tuvo que exiliarse en Venezuela, donde escribió “La casa de los espíritus”, en la que desde el realismo mágico recuperó su Chile perdido.
Václav Belohradsky, República Checa. Nacido en 1944.
Elena Poniatowska, México. Nacida en 1932. Premio Cervantes.
Abajo:
Robert Menasse, Austria. Nacido en 1954.
Isabel Allende, Chile. Nacida en 1942.
El recorrido de esta exposición se llena de rostros, pero también de nombres. Sólo que los nombres son más que palabras, son huellas de Historia. Guardan un eco de familia, nos dicen cuánto permanece y cuánto cambia en una vida. Sin embargo, todas esas trayectorias vitales hacen eco unas con otras.
Un apellido puede permanecer trágicamente en el mismo territorio, como sucede con el del escritor austriaco Robert Menasse, aun en los momentos más terribles, como lo fue el periodo de dominación nazi sobre Austria. Y pagar un precio terrible por ello porque la Historia que ese apellido contiene, en este caso su origen judío, lo vuelve objeto de odio. O puede viajar, como hizo el apellido de la escritora mexicana Elena Poniatowska, desde Polonia, de donde era originaria su familia, hasta París, donde nació ella y de donde tuvo que huir, precisamente durante la Segunda Guerra Mundial, para instalarse en México, donde trocó el francés y el polaco familiar por el esplendor de la lengua española, que tuvo que aprender y en la que escribiría obras tan arraigadamente mexicanas como “La noche de Tlatelolco” o “Amanecer en el Zócalo”.
Porque son muchas las veces en que la Historia nos empuja a exilios y destierros. Como le sucedió al filósofo checo Vaclav Belohradsky, que marchó a Italia tras la invasión rusa que puso fin a la Primavera de Praga, para poder seguir reflexionando sobre la libertad. Al igual que, empujada por la dictadura de Pinochet, la escritora chilena Isabel Allende, sobrina del presidente Salvador Allende, tuvo que exiliarse en Venezuela, donde escribió “La casa de los espíritus”, en la que desde el realismo mágico recuperó su Chile perdido.
José Manuel Fajardo